La mirada y su cántaro

Posted Agosto 16, 2008 by esparzaldaba
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LA VENTANA
Las muchachas que pasan se llevan
en las puntas de la blusa
pedacitos sangrantes
de mis ojos
para volverlas a ver.

-Alejandro Aura.
1944-2008

Hay mujeres de soslayo, esas que voluptuosas se asoman desnudas al vértice de los párpados y se quedan a vivir en los lagrimales todo el tiempo que las ensoñaciones de la vigilia les permite la memoria de una mirada. Las que al cabo de los años vuelven a encontrarse con el mismo ánimo y un cuerpo diferente, de nombres que por temporadas se olvidan y adivinando retorna aquella entonación de palabras que suena conocida y entrañable.

Las que no regresan se van al barrio del subconsciente, atrás del ojo, esperando el último instante vital de ese compendio de imágenes, el jardín secreto de nuestra mente, cuando todo lo que deseamos, quisimos, amamos, fuimos y tuvimos desfilará delante de nosotros como si empezáramos otra vez con la misma vida.

Para la diosa

Posted Agosto 11, 2008 by esparzaldaba
Categories: General

Si te vuelvo a mirar sabré responder a todo cuanto quieras saber.

Tal vez, de borrón y cuenta nueva, regrese la fe y crea otra vez. Por lo pronto, sin conocer tus pasos o tu paradero y sin las visitas del fantasma que en tu nombre venía a provocarme el insomnio con sus incansables preguntas, puedo decir que ya no me tiembla la voz cuando te recuerdo en los ya menguantes y esporádicos soliloquios, otrora discursos de la soledad, diálogos interminables sobre todas las conversaciones que quise y nunca tuvimos.

Triste vocación de los hombres en deificar todo lo que miran y lo que no existe.

Última carta para el silencio

Posted Julio 18, 2008 by esparzaldaba
Categories: General

No quiero que volvamos a vernos para despedirnos.
Ya son demasiados adioses como para agregar uno más en el librero, la cama o en el umbral de mi día o mi habitación, o en cualquier calle o paraje susceptibles de olvidarse; esa tu libertad es una trampa de encuentros para despertar truenos y tempestades, para encadenar voluntades a tu más prolongada o mínima ausencia.

Y el problema no eres tu, ni tu libertad, es el monumento sin nombre que resucita en mis soledades y las preguntas que nacen sin respuesta